El Día del Perdón

Al aproximarse la vuelta de la página de un milenio, según patrones de medida de tiempo convencionales en gran parte del planeta, se vuelve oportuno pensar de que forma cerraréis los últimos días de 1999 y de que modo Estimado/a Señor/a:

Somos una Asociación cultural sin fines lucrativos, de carácter humanista, filantrópico y universalista, que se sustenta con el trabajo voluntario de sus miembros.
Un poco por todo el mundo, se siente el apelo interior de una auto-regeneración global que permita mirar y proyectar el futuro de una manera verdaderamente nueva, en la que prevalezcan el respeto por la Naturaleza, la cooperación entre los pueblos, la aceptación y la convivencia entre las diversidades culturales, la superación de los desequilibrios que afectan a la Humanidad. Ese otro porvenir, sin embargo, sólo será posible si el anhelo de un mundo mejor brota de la raíz más íntima de todos nosotros y si se exterioriza cada uno de los días de nuestras vidas.
Para ello, es urgente que nos reconciliemos con nosotros mismos, con nuestros semejantes, con el mundo, con la Vida - como si el Universo entero dependiera de cada uno de nuestros gestos.
¡El año 2000 está ahí! Ese hecho porta en sí una incomparable y enorme carga simbólica de cambio que a todos dice respeto y que sería una pena limitar a fugaces euforias. Esta carta lleva en sí un apelo para una vivencia diferente de ese cambio: contribuir para dar un relevante impulso a la conquista de una conciencia solidaria y universalista, a través de la unión de la Humanidad alrededor de un propósito en el que se pueda envolver constructivamente.
Ese propósito se traduciría en una acción global, centrada en la idea del perdón y la reconciliación, que nos libere de los resentimientos del pasado y permita germinar las semillas de un fututo de paz y alegría. En verdad, no puede haber paz en cuanto no haya perdón en los corazones, ¡en todos los corazones!
Así, los últimos 3 días de Diciembre de 1999, todos aquellos que se sientan sensibilizados con esta idea depositarían simbólicamente, en un lugar expresamente preparado para tal fin, en toda aldea, pueblo, villa o ciudad del Planeta (por ejemplo, en una plaza pública), una flor, una rama de olivo, de romero, de espliego o, incluso, una pequeña planta, en un recipiente adecuado. El lugar debería presentar una imagen mínima de dignidad y belleza que, implícitamente, la acción requiere. Esas flores, ramas y plantas serían recogidas el día 1 de Enero, Día Mundial de la Paz, y lanzadas a los ríos más próximos, o directamente al Mar - ese medio de unión entre todos los pueblos.
Como gesto culminante, sugerimos también (o en alternativa) que los momentos antes de la media noche del 31 de Diciembre (1 minuto o algunos segundos) sean vividos en silencio y, si fuera posible, colectivamente. Nos referimos a un silencio que llegue a lo más profundo de nuestro Ser, haciendo brotar la genuína alegría y el auténtico propósito de mudanza interior y de cooperación constructiva.
La contribución a la que apelamos se podría concretizar a través de una intervención pública o de un artículo escrito en la prensa, de una entrevista a un medio de comunicación social, de una conversación con otras personas, figuras públicas o miembros de instituciones, a las que esté ligado, en fin, a través de cualquier iniciativa que permita expandir universalmente la idea.
Al final, se nos pide tan poco para mejorar la Tierra.

Muchas Gracias.

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